A veces, me he preguntado qué habría sido de mi vida si no nos hubiéramos conocido.
Ó si, tras nuestro primer encuentro, no hubiese habido más. Si hubieras pasado por mi vida como un conocido más. Uno de ésos cuyos nombres no recuerdo ni sé con certeza cuando los conocí. Uno más, que me mirase con deseo ó me insinuara querer tener conmigo algún encuentro más personal. Uno de esos a quienes atendía con una sonrisa, con un comentario irónico, y a quienes cerraba las puertas de mi intimidad, sin querer ser descortés pero sin tampoco querer dar a entender complicidades.
A veces, sí, me he preguntado qué habría sido entonces de mí. Sin embargo, nunca he conseguido encontrar una respuesta satisfactoria. Creo que la opción 'no habernos conocido. No haber sido amantes' nunca existió.
En ocasiones, he llegado a pensar que todo lo que pasó antes en mi vida, todas mis equivocaciones, mis huidas de lo que se esperaba de mí, mis decisiones totalmente erróneas e injustificadas e ilógicas, no tenían otro fin que el encontrarte. Que tú tenías que ser mi mayor error, mi más grande disparate. Que mi piel te esperaba desde el momento en que la tocó el aire. Que mis ojos no tenían otro fin que ver el deseo en los tuyos.
Sé que todo esto suena cursi y suena absurdo. Que miles de personas se habrán sentido así durante siglos de Historia. Pero es que contigo tampoco quiero ya ser original.
Creo que nunca hubo escapatoria. Que desde antes de que te conociera, y desde que supiste de mi existencia, sabías que terminaría por acostarme contigo. Y que por eso, quizá, te dieron igual los primeros rechazos a tus besos, mis manos apartando las tuyas cuando querían acariciarme. Sabías que no sería siempre así. Y no lo fue. Y un dia acepté tus besos y tus manos aprendieron un camino bajo mi ropa y sobre mi piel. Y a partir de ese momento, estuve perdida para siempre y ganada para tí.
Sé que el primer encuentro de nuestros cuerpos pudo también ser el último. Pero recaimos. Y poco después, eran mis labios los que añoraban esos besos que antes recharazon. Y era mi piel la que se erizaba sólo con sentir cerca el olor de la tuya.
Y empezó este juego de rechazos y deseos. De hacernos daño y hacérselo al otro al desearnos y rehusar el deseo. Un juego que en el fondo constituyó nuestra relación.
No sé. Creo que no fue nunca posible la opción de tener una vida sin tí. Que yo era alguien que te terminaría conociendo, que fuí alguien que te conoció y fue tu amante alternativa, intermitente, accesoria, casi obligatoria, pero amante al fin y al cabo. Que hoy soy simplemente alguien que sigue sintiéndote ahí, en algún lugar. Y que, igual y en el fondo, seguirá esperándote toda la vida.
A veces, me he preguntado qué sería hoy mi vida si no te hubiese conocido. Pero sé que no hay respuesta para esa pregunta.
Nuestra relación siempre estuvo sobrada de preguntas sin respuesta, de preguntas no hechas, de respustas esquivas, de explicaciones no dadas, de explicaciones dadas sin pedirse. De justificaciones y de excusas.
Igual por eso, también, te escribo hoy que sé que no vas a leerme ni me vas a contar nada.
Igual por eso, esperaré el resto de mi vida esa última explicación que quedaste en darme en breve, la última vez que hablamos. Hace ya tanto tiempo...
Annite.